Se espera su llegada a alguna hora,
aunque el no piensa que le vayan a
esperar.
Los que esperan envidian su trayecto,
su viaje y su arrojo,
y el con rojos ojos anhela noches en
vela,
trajes de sábana y sudor y cantos
exhalados al oido.
La posada si le acoje no le ofrece
cama,
y en la alcoba le espera una bibla
olvidada,
y al dormir se dibujan crucifijos sobre
la pared.
Llorará el final del camino si llega,
pero hoy llora por nunca llegar.
Quiere pensar que le esperan,
pero nadie le escribe y le dice el
lugar.
El juego le hizo ser rico en sonrisas,
y en caricias que el creyó de amistad
y quiso pensar que el camino, era su
casa al final.
Cocinando en el fogon de la posada,
anyorando nieves y humos de hogar.
Partido, dormido y otra vez despierto.
Llevado por rios de agua bacanal
abraza al salir tras la puerta la
noche.
Y vuelve al camino, y olvida el pensar.
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