Han pasado casi cuatro meses desde que escribiese mi última entrada en esta esquina del país html. El invierno nunca terminó de llegar, y no llegamos a tener en esta ciudad apenas una semana en la estación blanca en la que ésta hiciese honor a su nombre. Muchos se alegraron, yo lo tomé con cierta indiferencia, extranyé incluso el regresar a case al amanecer con un sol reflejándose en superficies que derrite, y abandonarme a los contrastes frio-calor en la oscuridad.
Trás lo relatado en mi ultima entrada, mi rellegada y mi reaclimatamiento, pasé este invierno sin frio sumido en una de mis frecuentes fases de nihilismo existencial, en el que terminé de leer el resumén de filosofia del siglo pasado que me acompanyó el 2013, y sin presiones ni motivaciones profesionales, me dediqué al arte de reflexionar, de extranyar el invierno y de sumirme en lecturas de dudosa recomendación, inducido por la herencia recibida con mi lector digital. Acompanyando a las lecturas recaí en mis escapadas hedonistas (aunque sin contacto intergenero continuado esta vez) y enseguida las visitas cambiaron mi modo operativo.
Acompanyado por mis habituales companyias de febrero tuve un par de semanas de evasión en 7mm y digital, botellones caseros, vampiros, noruegos, ciervos aromatizados y videojuegos ochenteros, hasta que volvió la calma a mis estancias, dejando mis companyeros tras de si el recuerdo y una pata de jamón,
Sólo de nuevo me olvidé del nihilismo y de las prácticas romántico-sadomasoquistas, aunque no logré la convicción necesaria para adentrarme en los senderos mentales de Sartre con convicción. En mi propia mente ganaba terreno el convencimiento de que debía cambiar el rumbo de mi existir y terminar finalmente una etapa vital y laboral. Y poner los medios y el tiempo a mi disposición para hacerlo.
Sería posiblemente porque se acercaba mi aniversario. Pensaba hasta hace unos minutos que era el único no reflejado en lineas colgadas en la red, pero repasando el 2013 me dí cuenta que tampoco hay reporte escrito del dia que alcancé la edad de Cristo. Cómo el día que la superé, lo hice con una gran fiesta en casa, o al menos lo más parecido que logré a una gran fiesta. Aunque sin los excesos etílicos del dia que comencé a tener 33 anyos, y sin llegar a pasarlo tan bien como recuerdo y no de aquel 1 de marzo del 2013, un anyo siguiente volví a llenar la casa de gente, en parte porque algunos me pidieron que volviese a hacerlo, lo que hice con gusto, aunque con pereza.
Sobre todo porque al dia siguiente me esperaba sesión de baile. Directamente después de terminar de fregar y barrer la casa. Entre paso sencillo y triple evaporé y sudé los excesos de la noche anterior, y lamento las incomodidades fisicas a mis parejas de baile de aquel dia. Swing era el estilo, que entretiene o entretenia mis tardes dominicales como antanyo hiciera la misa. Escribía en uno de mis últmos posts sobre mis reflexiones sobre papas y jerarquías. Y hoy pontifican a los dos últmos jefes de esa gran estructura. Ese tipo de actos me alejan cada vez de las casas que visitaba los domingos anyos atras. Aunque pase el tiempo, me alegro de no perder mi poco aprecio por las grandes corporaciones.
Pero me desvio del tema, como me desviaba de las clases. Hace tres semanas que no asisto, por enfermedad, vagancia o indisposición. Ya tengo una escusa menos con la que ocultar la vagancia, enfermedad o la indisposición que me ha apartado de reportar acerca de lo acontecido en mis dias. La autopresión que me impuse a mitades de febrero para volver a ser productivo se diluyó ante la posibilidad de una nueva ocupación profesional cuando termine la actual, ocupación esta de la que recibí la noticia de su prolongación por al menos un anyo más. Así que despedí el inverno sin frio visitando esquinas de ficción, comiendo paellas y degustando elixires en nuevas casas oscuras nocturnas por descubrir, leyendo las mentes de los jovenes del pais en el que habito escritas en formato de bolsillo y comprando billetes para un mayo que se anticipa movido.
Abril esta a punto de terminar y aun no logro comprender como se ha escondido de mi tras el calendario. Tras decidir aparcar elixires que usar como excusa de mi desgana académica la semana santa no tuve una última cena, sino tres nuevas acompanyadas de nuevos amigos, amigas y mas elixires. Cómo consecuencia trás el lunes de resurrección yací 3 dias en cama. Levanté el jueves al fin con ganas de trabajar y lo hice.
El viernes también. Y después cené, salí y bailé y reí sin mas que centeno fermentado, y el fin de semana se completó y una vez al menos volví a sentarme frente al teclado para producir algo mas que suenyos, gases y risas.
La primavera y el sol llegaron hace tiempo a mi ciudad. Espero que esta semana lo haya hecho definitivamente a ese ente en el que situar mi mente, mi corazón, mis recuerdos, y aquello que me hace ser algo mas que un ser que se mueve e ingiere alimentos.
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