Giró y no vio nada atrás.
Dudo un momento del motivo,
del comienzo y del final buscado.
Miró a derecha donde verdes árboles brotaban
y las frutas ya no le atraían.
A la izquierda giró movido por el viento,
y las casas cercanas le parecieron tiempos de piedra
a un Dios en el que ya no creia.
En el cielo se ocultaba la brújula solar,
y las nubes no le producían ni inquietud ni desvelo.
Cerró los ojos para ver por dentro,
lo que el recuerdo de si le decia,
lo que anhelaba encontrar al salir deprisa,
y el viento le trajo ecos agudos
risas mezcladas con gemidos y llantos
y la sed de ebriedad levanto su pie
y un paso de deseo le indicó el camino
hacia donde nadie nunca le dijo donde ir
pero siempre supo que era su destino.
La sed de mirar sin pensar que se debe,
a quien se ama y no se quiere danyar,
y a quien aún con danyo se desea amar.
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